Reconocimiento de los empleados que trabajan online

La necesidad de reconocimiento de los empleados que trabajan online

El reconocimiento del trabajo forma parte de las buenas prácticas en materia de gestión del talento. Si es importante poner en valor el desempeño cuando se comparte espacio físico es más importante incorporarlo, si cabe, cuando los empleados trabajan online desde fuera de la oficina.

Cuando solo se comunican los errores y no se da reconocimiento

La falta de contacto presencial elimina la inmediatez y los esfuerzos por comunicarse con la plantilla se centran más en subsanar errores generales que en reconocer la valía de una manera personalizada. Además, se produce la dinámica perversa mediante la cual si un trabajador cumple con los objetivos no se hace mayor seguimiento. Como consecuencia, no se monitoriza regularmente su estado psico-físico. Y esto puede ser un error.

Quienes trabajan en remoto de manera online reciben un reconocimiento personalizado de logros solamente de forma telemática y en tablas de resultados que muestran que todo va bien y se consiguen objetivos pero que adolecen una valoración más personal.

Sensación de pérdida de oportunidades o peligro de leaveism

La falta de una adecuada forma de devolución sobre el trabajo realizado puede tener consecuencias directas como la desmotivación porque provoca la sensación de desigualdad de trato. Aunque también podría suceder lo contrario. Los empleados que no reciben regularmente feedback por encontrarse teletrabajando pueden desarrollar una excesiva dedicación ante la creencia de que se están perdiendo oportunidades. Como resultado corren el peligro de caer en lo que se conoce como leaveism, emplear tiempo de libre o de descanso para seguir trabajando.

La comunicación es la clave para que el trabajo en remoto no se desvirtúe. Los esfuerzos en generar espacios de comunicación más o menos informales serán fundamentales para mantener el engagement de todo el equipo y evitar los riesgos psicosociales asociados a este modo de trabajo.

En cuanto a la comunicación es importante también el tono que se emplea. La falta de interacción personal, la comunicación escrita requiere de un esfuerzo sobreexplicativo que la presencialidad no necesita. Donde físicamente se leen las reacciones que nuestra comunicación produce en la otra persona y se puede matizar sobre la marcha, en la comunicación en remoto es necesario no dejar demasiadas cosas a interpretación o sobreentendidos para garantizar que el mensaje llega claramente y no se malinterpreta.

Construir espacios de comunicación para favorecer la integración

Para evitar este tipo de riegos las guías orientadas a mejorar las prácticas para el teletrabajo hacen hincapié en crear sesiones individuales con los propios teletrabajadores donde se proporcione una devolución sobre el desempeño y posterior reconocimiento. En estas reuniones, además de felicitar por los esfuerzos de adaptación y los buenos resultados se tratará de despejar previsibles dudas sobre la marcha de la empresa, más en estos tiempos.

El uso de herramientas compartidas evitará la sensación de aislamiento que se produce trabajando en remoto. Emplear calendarios y tareas con un enfoque colaborativo puede potenciar la perspectiva global necesaria para reforzar el sentimiento de pertenencia. El vínculo con la empresa, con el resto del equipo puede estar diluyéndose, sobre todo en aquellas personas para las que el trabajo en remoto es una novedad. Establecer objetivos muy definidos y plazos claros también aportará seguridad.

La evaluación del desempeño está enfocada, cada vez más, a considerar la calidad de las tareas realizadas más que las horas que se emplean. Además del control sobre el trabajo también debe entrar en juego cierta flexibilidad ya que hay muchas circunstancias que pueden estar impidiendo un desarrollo normal de la jornada y la productividad. Una reunión personal a tiempo podrá detectarlo.

Pero hay que mantener el equilibrio en la interacción. Un seguimiento demasiado minucioso del progreso de tareas puede resultar excesivamente controlador, lo que se conoce como micromanagement. Y lo contrario, demasiada autonomía puede derivar en una mayor dificultad para detectar errores y poder subsanarlos a tiempo sin demasiadas consecuencias.

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