«Hay que ser optimista, pero antes hay que tocar el dolor»

 

Pilar Jericó, experta en liderazgo y talento

La autora del éxito de ventas ‘No miedo’ vuelve a la actualidad editorial con ‘Héroes cotidianos’ (Planeta), un libro que parte del dolor y la dificultad para proponer un nuevo camino de aprendizaje. Para su elaboración, Pilar Jericó (Madrid, 1973) se ha apoyado en las experiencias de 163 personas de nueve países que, a raíz de una petición de la autora en su blog y en la red profesional LinkedIn, compartieron con ella sus historias de superación de la adversidad. También sus alumnos, sus vivencias y lecturas le han proporcionado abundante material para el libro. Al final, las historias analizadas tienen algo en común: «Todos podemos salir de situaciones difíciles, podemos conseguirlo».

–¿Qué tipo de héroe necesitamos ahora?

–Un héroe que, ante una crisis profunda como la actual, es capaz de salir adelante con entereza y generar un entorno amable, porque tiene una responsabilidad con él. No sólo se trata de conseguir resultados, sino de influir positivamente en la vida de los otros.

–La resiliencia puede definirse como la capacidad del ser humano para afrontar la adversidad. Sin embargo, filósofos como Fernando Savater y José Antonio Marina denuncian una progresiva infantilización de la sociedad, ¿somos cada vez más pusilánimes?

–Una cosa es la cultura y otra, la capacidad individual. Individualmente, y la biología así lo demuestra, nuestro cuerpo está preparado para la supervivencia y, por lo tanto, para la adaptación, incluso en situaciones tremendas, muy difíciles. Otra cosa es que, culturalmente, en los últimos años, haya primado la vida cómoda. Pero hay una ventaja, en una crisis como ésta las superficialidades quedan desenmascaradas y cobran protagonismo la auténtica grandeza y la fortaleza que llevamos dentro, y que quizá estaban un poco dormidas.

–Dice que la principal aventura es conocernos a nosotros mismos y el libro es eso, una invitación para mirar nuestros miedos a la cara. ¿Nos engañamos con demasiada frecuencia?

–Con muchísima frecuencia. En general, somos bastante poco honestos con nosotros mismos. Siempre nos llenamos de excusas, de justificaciones. Pero, para acometer cualquier proceso de cambio, hemos de salir de la negación y, por tanto, de la excusa, de la ira. Sólo haciendo eso, podremos desarrollar nuestra capacidad heroica, salir adelante y, también, desarrollar la capacidad de influir en terceros. Una persona que siempre está negando y culpando a otros no influye de forma constructiva en los demás; pero, claro, nuestra mente no nos lo pone fácil.

–A tenor de los casos que analiza, volcarse en el trabajo y ayudar a los demás son los recursos más utilizados para superar las crisis. ¿Los aprueba como terapia?

–Sí, pero sin olvidarse de uno mismo, cuidado. El psicólogo de la Universidad de Chicago Csíkszentmihályi, uno de los más importantes de la psicología positiva, dice que la felicidad está en la sensación de fluir, que se produce, por ejemplo, cuando uno participa de una conversación animada o está absorto en el trabajo. Esos momentos donde el tiempo fluye sin darte cuenta y que te alejan de tus preocupaciones te sitúan muy cerca de la satisfacción. Cuando uno se encuentra mal es muy bueno penetrar en esos estados de flujo, pero no como fórmula para negar el dolor. Primero, uno tiene que aceptar y vivir un proceso de duelo y, a partir de ahí, empezar a fluir. Por eso, en el camino que propongo para ser un héroe cotidiano, el fluir va al final, porque nadie te puede salvar de tu desierto.

–El duelo hay que pasarlo.

–Siempre. Por eso desconfío de los libros que predican un optimismo a ultranza, cuidado. Hay que ser optimista y positivo, pero primero hay que transitar por el desierto, es decir, por el dolor. Y, una vez que lo has tocado, desprenderte de ti mismo y volcarte en el trabajo o en los demás, viene bien como terapia. Yo descubrí la senda de los héroes a raíz de trabajar mucho el concepto de ‘miedo’ en los talleres que imparto. Y siempre veía lo mismo, ya fuera entre militares, policías…

–¿Qué peculiaridades tiene el trabajo con ellos respecto a los que lleva a cabo con la sociedad civil?

–Yo tengo la suerte de trabajar con un público muy talentoso, con los que participan en el curso de ascenso al Estado Mayor y en el curso de ascenso a general y almirante. Siempre me llaman la atención su impresionante trabajo en equipo y su capacidad de compromiso. Es un colectivo muy comprometido con sus valores, y eso no es tan fácil de encontrar en el mundo de la empresa. Ellos defienden la necesidad de un liderazgo que va más allá del mando, y tienen una frase muy buena para explicarlo: «No con cualquier oficial me iría a la guerra».

–¿Siempre debemos tener presente la adversidad? ¿Cree que nos habíamos instalado en la autocomplacencia y hemos terminado por emborracharnos de éxito?

–Sí. La economía está relacionada con las emociones. Y yo creo que hemos cometido dos grandes errores. En época de bonanza, hemos tomado decisiones pensando que nunca sucedería nada, que nada cambiaría nuestro bienestar. Y ahora, en plena crisis, pensamos que no cambiará el ciclo y estamos paralizados por el miedo.

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