Discapacitados, la ficha más débil en el tablero de la crisis económica

¿Se acuerdan de Izaskun Buelta? Ahora, quizá este nombre no les diga mucho, pero hace poco más de un año esta joven con síndrome de Down que tan sonriente aparece en la fotografía desencadenó un auténtico aluvión mediático. Su participación en ‘Tengo una pregunta para usted’, que ella aprovechó para recriminar al presidente del Gobierno el incumplimiento de la LISMI, la ley que obliga a las empresas con más de 50 trabajadores a reservar el 2% de sus puestos a discapacitados, se convirtió en el ‘minuto de oro’ del programa. Pero, además, ella aprovechó su intervención para pedir un trabajo en La Moncloa y, entre bambalinas, pasó su currículum a José Luis Rodríguez Zapatero.

Unos meses después, el jefe del Ejecutivo recogió el guante; porque, si bien no le proporcionó una plaza en La Moncloa, en la actualidad esta madrileña de 33 años está empleada en la Fundación Ideas, una institución ligada al PSOE que dirige el ex ministro de Trabajo Jesús Caldera. En la Fundación Aprocor, un centro concertado de la Comunidad de Madrid donde Izaskun vive y sigue formándose, confirman que la joven «está encantada» en su puesto de auxiliar de apoyo, porque gana más y prefiere las funciones propias de una oficina a las que desempeñaba como ayudante de dependienta en la bombonería donde trabajaba cuando conoció a Zapatero.

El año pasado, por tanto, fue bueno para Izaskun. Para el conjunto de los discapacitados, sin embargo, el balance es bien distinto. «En 2009 se concretaron y confirmaron los malos presagios que ya teníamos al comienzo de la crisis. Las personas con discapacidad alcanzan una tasa de desempleo cercana al 40%, y esta cifra asciende hasta el 60% en el caso de los intelectuales», dice Alexandre Martínez, presidente de AFEM, la asociación para el empleo de la confederación FEAPS, que colabora con discapacitados intelectuales.

Los datos del Servicio Público de Empleo Estatal también demuestran que la ya de por sí mala relación entre mercado de trabajo y discapacidad ha vuelto a empeorar. En el último ciclo de bonanza económica, al aumento de la contratación indefinida se sumó un menor índice de rotación entre puestos, pero 2009 ha dejado una retahíla de datos negativos, como el descenso de la contratación, que el Servicio Público de Empleo Estatal cifra en un 7,4% respecto al año anterior, y las dificultades de los Centros Especiales de Empleo (CEE), espacios clave para la integración laboral porque el 70% de su plantilla ha de ser discapacitada. El informe ‘El impacto de la crisis en las personas con discapacidad y sus familias’, elaborado por el CERMI, la gran plataforma en defensa de estas personas que aglutina a más de 4.500 asociaciones, desvelaba que, en el primer trimestre del año pasado, el 40% de los CEE había destruido empleo. «2009 arrancó fatal, luego empezó a recuperarse, y este año lo hemos inaugurado con datos positivos», apunta Pepa Torres, directora de Formación y Empleo de la Fundación Once.

En los dos primeros meses de 2010 el número de contratos firmados por discapacitados aumentó un 12,74% respecto a 2009. Se trata de una buena noticia que, en parte, se debe a las nuevas ayudas públicas concedidas a los CEE, destino del 60% de las incorporaciones laborales en lo que llevamos de año. Para contrarrestar los efectos de la crisis, el pasado mes de noviembre el Congreso de los Diputados aprobó una medida de urgencia: hasta el 31 de diciembre de este año, la subvención salarial que reciben los 1.726 CEE por cada trabajador con discapacidad pasa del 50% del salario mínimo interprofesional, la cantidad que antes percibían, al 75%.

Pero el enorme campo de trabajo de lo que se conoce en el argot como «empresas ordinarias» todavía se resiste a los discapacitados. En 2007, un estudio del Observatorio del Grupo SIFU, un conjunto de centros especiales de empleo, alertaba de que siete de cada diez organizaciones no cumplen la LISMI, una ley que data de 1982.

Un actor ocasional

Pablo Pineda, que acaba de viajar a Polonia para presentar la película ‘Yo, también’, se encarga precisamente de sensibilizar a las empresas sobre los beneficios que entraña la contratación de discapacitados. Acostumbrado a dar conferencias desde los 14 años, Pineda ha encontrado un nuevo compañero de viaje en la Fundación Adecco, con la que recorre España para trasmitir este mensaje: «Siempre he dicho, y lo mantendré, que los empresarios y la sociedad parten de un inicio equivocado, de aquello que los discapacitados no sabemos hacer, pero habrá que empezar por aquello que sabemos para buscar el trabajo más adecuado a cada uno».

Primer titulado universitario europeo con síndrome de Down y Concha de Plata al mejor actor en el Festival de San Sebastián, Pineda se considera un tipo con suerte —»Siempre he encontrado a la persona idónea en el sitio oportuno; mi madre me dice que tengo estrella»—, aunque carezca de la estabilidad que desearía para sus 35 años. «¿Qué cómo me veo dentro de cinco años? Como a todo el mundo, me gustaría independizarme, crear mi propia familia y tener un trabajo estable. Pero, al paso que voy —esto es más lento que una procesión de Semana Santa—, me veo colaborando con distintas iniciativas, dando conferencias y buscando un trabajo fijo desesperadamente», contesta el malagueño con sentido del humor, el mismo del que echa mano una y otra vez para demostrar que «sí puede hacerlo». «No es que tengamos que demostrar más, es que tenemos que hacerlo todos los días y eso, a veces, cansa», se lamenta Pineda, que sueña con el día en que las etiquetas pesen menos que el talento.

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