Para algunos profesionales el uso de su BlackBerry supone recuperar 250 horas al año. Para otros, tanto éste como otros dispositivos móviles redundan en una vida laboral 24×7, es decir, 24 horas al día, los siete días de la semana.

Para José María Acosta, consultor de alta dirección y autor de ‘Gestión eficaz del tiempo y control del estrés’, la explicación es bien sencilla: «La tecnología es una herramienta que yo calificaría en principio de neutra y potencialmente muy útil. Que sea sinónimo de libertad o de tiranía depende únicamente de la actitud del usuario». «Es utilísima, eso no hay quién lo dude», añade. La firma BlackBerry ofrece, en un estudio realizado por Ipsos Reid, cifras concretas de este rendimiento: los usuarios recuperan 250 horas al año gracias a este dispositivo; un 72% reconoce que el correo electrónico inalámbrico -la herramienta más usada en este aparato- ha mejorado su eficacia. Mejoras en la calidad de vida, reducción del absentismo y aumento en la fidelidad de los empleados son otras de las bonanzas señaladas.

Imagen de tres BlackBerrys

Sin embargo, el riesgo de permanecer permanentemente conectado es real. Acosta recuerda otras cifras. Por ejemplo, el verano pasado, tres de cada diez trabajadores confesaban que durante sus vacaciones revisaban los sms y correos electrónicos de carácter profesional. Otro: un 18,5% de los usuarios de teléfono móvil lo utiliza de manera patológica. En este sentido, el director de Acción Training es tajante: «Que una persona sienta que no puede dejar de atender a un cliente en sus vacaciones es simplemente una aberración». Otros errores frecuentes en el uso de los dispositivos móviles es dejarlos encendidos durante la comida, después de la jornada laboral o cuando tienes a otra persona contigo (una reunión, una entrevista, una visita…) «Por cortesía tienes obligación de apagarla y, por supuesto, por eficacia, sólo podemos dedicar atención a una sola cosa». «Es cuestión de higiene mental», apostilla Acosta.

Por tanto, lo de decir como hizo Obama en su momento, «tengo que estar permanentemente conectado a todo el mundo», no tiene realmente sentido. La tecnología, la PDA, la BlackBerry o incluso el móvil de empresa son una auténtica revolución laboral siempre que se usen con sentido común, inteligencia y respeto, por uno mismo y por el otro. José María Acosta concluye, «si la persona piensa que tiene que estar ‘pendiente de’, su BlackBerry se convertirá en una cadena. Por eso es el profesional el que tiene que decidir que el dispositivo esté a su servicio y no al revés».