Nieves Concostrina

Nieves Concostrina, periodista y escritora

«¿Ustedes quieren que les hablemos de muertos? Pero con naturalidad, hasta con un poquito de frescura. Nosotros no tocamos el morbo, ni hablamos de fantasmas ni cosas raras». En noviembre de 2003, los periodistas Nieves Concostrina y Jesús Pozo hicieron esta propuesta a Radio Nacional de España y, para su sorpresa, la radio pública recogió el guante. Desde entonces, la voz grave y el discurso desenfadado de Nieves Concostrina (Madrid, 1963) han ido conquistando nuevos espacios en las ondas y ganando oyentes, que, por primera vez, escuchan hablar de la muerte de otra manera.

El mes pasado, la autora de ‘Polvo eres’, título que también da nombre al espacio que dirige y presenta en Radio 5, fue galardonada con el Premio Internacional Rey de España en la categoría de Radio por un programa sobre el Quijote.

¿Cuál fue su primer empleo remunerado?
Una sustitución de verano en la sección de teletipos de Diario 16 por la que me pagaban 60.000 pesetas, una pasta. Yo había terminado primero de Periodismo, pero, como las prácticas no se permitían hasta tercero de carrera, encontré un trabajo en el turno de noche de teletipos. Allí me encargaba de recoger los despachos de las agencias de noticias, agruparlos por secciones del periódico y llevárselos a los redactores. En cuanto llegaba una noticia de campanillas, sonaba en la sala de teletipos una alarma; podía ser un atentado, la muerte de un personaje ilustre o la entrega de un Oscar. Y eso, para mí, era la ‘leche’.

¿Y cómo pasó de la sala de teletipos a la redacción?
Después de aquella sustitución llegaron otras en teletipos. Pero un día entré directamente al despacho de Pedro J. Ramírez, entonces el director, y le dije que quería hacer prácticas en la redacción. Empecé poquito a poco, por la noche, ayudando al redactor jefe de cierre. Al principio editaba despachos de agencias, hacía de correo entre los redactores, los teclistas y el taller, cortaba galeradas… Y ya un día me tiré a la piscina y me fui a hacer un reportaje, que decía así: «El automodelismo tiene el mejor circuito del mundo en Boadilla» [Risas]. El reportaje lo tengo en mi despacho, porque los amigos de taller recuperaron la plancha de la rotativa y me lo enmarcaron. Aquel reportaje me quedó muy bien y fue mi pasaporte de entrada en la redacción, donde estuve 15 años.

De 1982 a 1997, año en que cerró Diario 16. ¿Fue entonces cuando empezó a escribir sobre muertos en la revista Adiós?
No. Antes de eso, Jesús Pozo y yo ya hacíamos la revista. Pero ese trabajo no pasaba de ser una colaboración cada tres meses con la que no podía vivir. Cuando cerró Diario me fui directamente al paro. Pero, para mi sorpresa, no encontré nada. Después de llamar a infinidad de puertas, de todos los periódicos, ninguna se me abrió. Un año después encontré un trabajo más serio, que me permitió cobrar todos los meses, en Antena 3 Televisión. Era guionista de un programa presentado por Jesús Hermida que se llamaba ‘Sin límites’. A ese programa siguieron otros en Antena 3 y, después, otro en Vía Digital a las órdenes de Pepe Navarro. Mientras tanto, yo alternaba estos trabajo con colaboraciones en revistas. Hasta que Jesús, mi marido, y yo montamos una empresita, Candela Comunicación, porque no nos salía trabajo por ningún sitio. Y, entonces, surgió la idea del espacio ‘Polvo eres’, que presentamos a Radio Nacional.

¿Pero cómo arrancó su colaboración con Adiós? ¿Allí empezó a fraguarse ese particular estilo de cronista funeraria que la ha hecho tan popular?
La Funeraria de Madrid encargó a Jesús Pozo hacer una revista corporativa. Pero Jesús, un periodista puro y duro, se planteó hacer una revista que, dado que iba a estar en los tanatorios, atrajera a los lectores. Y resultó una publicación rompedora desde el título, Adiós. Empezamos a hablar de infinidad de cosas: arqueología, ritos funerarios, costumbres… Todo lo que te puedas imaginar que tenga que ver con la muerte, pero nunca relacionado con el suceso ni con el morbo. La revista se fue afianzando y nosotros hemos ido creciendo con ella, hasta el punto de que todo lo que hemos aprendido allí lo aplicamos después a la radio.