Nocilla en la oficina

Eduardo Jáuregui y Jesús Damián Fernández, socios de ‘humor positivo’ y autores de ‘Alta diversión: los beneficios del humor en el trabajo’

Esta tarde se vuelve a avecinar. Ese malestar, ese bajón emocional, ese retortijón interno que nos avisa que se acabó el fin de semana. Diversos estudios psicológicos han demostrado que quienes seguimos el ciclo laboral, todo lunes es un lunes negro.

Pero… ¿es inevitable el mal rollo emocional que produce el trabajo? Desde el cuento de Adán y Eva hasta las viñetas de Dilbert, se nos ha enseñado que el trabajo es algo desagradable. Y aceptamos con estoicismo el mal rollo laboral como algo necesario en nuestro mundo competitivo.

Sin embargo, los psicólogos tenemos pruebas de que las emociones negativas son tóxicas para el trabajo. El estrés pone en funcionamiento el sistema de «lucha o huida», diseñado por la evolución para protegernos del ataque de tigres prehistóricos, y no de competidores comerciales. De nada nos sirve que la sangre abandone el cerebro y se nos vaya a las extremidades cuando nos convocan a una reunión sobre recortes de gastos. Es el momento de dar con soluciones creativas.

¿Y las emociones positivas? En un célebre estudio de la psicóloga Alice Isen, se les propuso a los participantes un problema. Con una caja de chinchetas y unas cerillas, tenían que ingeniárselas para clavar a la pared una vela de tal forma que al encenderla no cayera cera al suelo. En condiciones normales, sólo el 11-16% de los participantes lograban resolver el problema. Pero cuando se les proyectaba primero un vídeo cómico de cinco minutos, o cuando se les regalaba una bolsita de caramelos, este porcentaje se disparaba al 58-75%. (Nota para evitar noches insomnes al lector: la vela se coloca sobre la bandeja de la caja de chinchetas, que se clava a la pared).

Además, Isen y otros investigadores han ido sumando beneficios cognitivos y sociales de las emociones positivas: estimulan la creatividad, refuerzan la motivación, mejoran la toma de decisiones…

Los de Google, con sus toboganes de oficina, lo saben bien y así les va. Pero también en España tenemos el ejemplo de «Centraldereservas.com», una agencia de viajes «online» que sigue creciendo a pesar de la crisis. Su sede está en el pueblo de Ainsa, en el Pirineo aragonés. Organizan divertidos eventos internos, tienen un grupo de trabajo que vela por el buen rollo y obtienen publicidad casi gratuita con las apariciones de su superhéroe Centralman, cuya serie de Internet tiene miles de seguidores. Además, según informa la sección «Sobre Nosotros» de su web, consumen en sus oficinas 24 jamones y 72 botes de Nocilla cada año… Éste sí es un negocio serio.

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