Ana Ruiz, actriz

Desde el pasado 28 de enero y hasta el mes de octubre, Ana Ruiz (Sevilla, 1979) tendrá que disimular su marcado acento andaluz para dar vida a Blanca en ‘El galán fantasma’, de Calderón de la Barca. Aunque adaptado, el texto no deja de ser un clásico en verso. «Impone mucho… Yo no hacía un papel así desde que interpreté a Doña Inés en el Tenorio, y tenía 17 años». Desde entonces no ha dejado los escenarios, pero esta actriz sevillana, que echa de menos su tierra y sueña con poder volver a vivir allí algún día, se ha centrado en la pequeña pantalla, donde cobró popularidad gracias a su papel de Sofía, la telefonista pizpereta de la ya desaparecida ‘Camera Café’.

¿Cuál fue su primer empleo?
Hice un anuncio de turrones Doña Jimena para televisión. Bueno, yo aparecía, cogía a mi supuesto hermano pequeño en brazos y me lo llevaba. ¡Eso era todo! Creo que me pagaron unas 15.000 pesetas.

¿Recuerda en qué gastó o qué hizo con ese primer sueldo?
No me acuerdo. Es que desde siempre iba ahorrando lo que podía para tener mi autonomía, así que no he sido de los que dicen «eso me lo compré yo con mi primer sueldo».

Ese anuncio lo hizo con 16 años, ¿cuándo despertó su vocación?
No sabía exactamente que quería ser actriz, pero cuando tenía ocho años se hizo en el colegio una representación de ‘La verbena de la Paloma’ y cogieron a otra niña. Yo, que me tomaba esas cosas muy a pecho, pensaba por qué no me habían cogido a mí… ¡Hasta los bailes del colegio me los tomaba ya en serio!

Sin embargo, comenzó a estudiar Derecho…
Sí. Estuve el primer año haciendo Derecho, aprobé algunas asignaturas, pero cuando escuchaba a los profesores hablar de nosotros como «futuros letrados» me entraba la risa. No me imaginaba precisamente como abogada. Así que lo dejé, me matriculé en Educación Infantil y esa carrera sí que la terminé. Aunque mientras estudiaba hacía mis pinitos en televisión como presentadora en Canal Sur de ‘La Banda’, un programa para niños que todavía emiten.

¿Qué recuerda del primer día que se puso ante la cámara?
Todo había sido una casualidad, presentarme al ‘casting’, que me cogieran… Es curioso, pero el primer día no noté una presión exagerada. También es cierto que era un programa muy relajado, que no era en directo y había mucha gente joven trabajando conmigo, y todo eso me hacía estar más cómoda. La verdad es que durante algún tiempo me acordaba hasta de la primera frase que había dicho, pero ya no soy tan romántica con esas cosas…

Y al patio de butacas, ¿cómo se enfrentó por primera vez?
Tenía sólo 14 años, estaba en la escuela de los Padres Blancos de Sevilla, y fue con la obra ‘Don José, Pepe y Pepito’, de Juan Ignacio Luca de Tena. En el escenario hay mucho nervio, mucha adrenalina acumulada… Lo vivo ahora con la misma emoción que antes. El teatro tiene una magia especial que se mantiene, pese a los años de experiencia.

Sin embargo, su popularidad ha venido con la televisión.
Me ha permitido hacer teatro a otra escala, poder escoger entre más cosas… Estoy muy agradecida a este medio.

¿Cambiaría algo de estos años de trabajo?
Dedicarme a esto me supuso, bueno, me supone, mucho sacrificio porque mi familia está en Sevilla. Mi hermana va a tener ahora un niño y está allí… Creo que una vez que tomas ciertas decisiones, como cambiar de ciudad y dejar tu vida allí, todo lo que hagas te tiene que convencer.

¿Qué queda de la chiquilla que estudiaba teatro en Sevilla?
Queda el amor por el trabajo. Más bien, es pasión, porque si no fuera actriz no podría ser otra cosa. Aunque en tiempos de crisis nunca se sabe… Y hay cosas que he ido perdiendo. En este trabajo a veces ves falta de profesionalidad, cosas que no entiendes, y eso hace que te desilusiones. Quizá lo veo todo menos idílico.

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