Empleo precario

Principales condiciones del empleo precario en España

El empleo precario está alcanzando cifras alarmantes en España. Cada vez son más las personas que, a pesar de tener trabajo, no consiguen llegar a fin de mes o incluso no alcanzan el salario mínimo interprofesional (SMI). Esta situación está deteriorando de manera importante el tejido social y económico de nuestro país.

España: el tercer país europeo con mayor empleo precario

Por desolador que pueda parecernos, el incremento del empleo precario en nuestro país se está convirtiendo en una realidad cada vez más extendida. Los datos más recientes, recogidos al cierre de 2016 por la Agencia Europea de Estadística (Eurostat), apuntaban a que el 4,7% de la población activa española tenía un empleo de estas características.

La crisis económica y la precariedad en España

Durante los años más difíciles de la crisis, es decir, entre 2008 y 2012, se consiguió mantener en nuestro país un índice de empleo precario de entre un 4,2 y un 4,5 %. Aunque se trataba de una cifra elevada, no resultaba demasiado pesimista dada la difícil situación que atravesaba España en ese momento. No obstante, aunque hayan pasado ya seis años desde entonces, la situación, lejos de mejorar, no para de empeorar.

Este contexto laboral en decadencia no solo es preocupante para todos los trabajadores, cuya calidad de vida se ha visto reducida, sino que también lo es para las empresas, pues está repercutiendo de manera negativa en ellas.

El empleo precario y sus consecuencias para las empresas

Si bien son las propias empresas las responsables directas de las malas condiciones laborales de los empleados, la situación de precariedad también les afecta a ellas negativamente. Es cierto que ahorran dinero en sueldos y que amplían los horarios, pero con esto no hacen más que provocar descontento entre sus trabajadores, que no se sienten realizados y que, en muchos casos, deciden abandonar la compañía en un intento por mejorar su situación. Esto no beneficia en absoluto a la empresa, pues además de verse obligada a contratar y formar personal nuevo, puede estar promoviendo una fuga de cerebros y estar dejando escapar talento que añadiría valor a la empresa.

Debido a esto, la opción más inteligente sería la de adoptar una visión a largo plazo y entender que sería más beneficioso para la compañía cuidar a sus trabajadores mediante diferentes medidas como, por ejemplo, mejorando las condiciones laborales y apostando por terminar con el empleo precario. Las empresas deben entender que las malas condiciones que a veces promueven perjudican también a la empresa y, por supuesto, a toda la economía del país.

 

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