Juan Arena

Juan Arena, presidente de la Fundación Empresa y Sociedad, y ex presidente de Bankinter

«Yo tenía un padre muy fuerte que había estudiado cinco o seis carreras en Inglaterra, en Estados Unidos… Era un hombre muy culto y supongo que eso fue quedando en mí y me fue exigiendo». Juan Arena de la Mora (México D.F., 1943) siguió los pasos paternos y estudió una ingeniería. «Me equivoqué, aunque después me ha sido muy útil porque es una carrera que te permite desechar hipótesis e ideas a gran velocidad, un ejercicio que me ha venido muy bien en la vida». Tras unas pruebas de entrada durísimas, la suerte estaba echada. «Yo sabía que lo que tenía que hacer era acabar y reordenar mi vida después». Así fue. Al terminar Ingeniería Mecánica y Eléctrica por el ICAI de Madrid, empieza a trabajar con su padre e inicia otra carrera en Icade: «Dediqué tres años a estudiar Administración de Empresas por las noches y, cuando terminé, me diplomé en el Instituto de Estudios Fiscales».

Hombre de grandes inquietudes, continúa incansable buscando su camino. «Me empezaron a gustar cosas que nada tenían que ver con el mundo de los negocios». Para entender mejor al ser humano, decide cursar Psicología, «y después me dedico a estudiar, pero esta vez sin titulación, Antropología Cultural». Muchos títulos, muchísimas horas de estudio, para encontrar un camino que no siempre está a la vista. «Desde el punto de vista de un psicólogo, mi currículum es la historia de una neurosis: mi historia es la de alguien que ha encontrado su sitio muy tarde».

Dentro de ese peculiar camino existe un punto de inflexión al acabar sus estudios: «En el año 67-68 me voy a vivir al Pozo del Tío Raimundo, a casa de un albañil y de una mujer maravillosa y sus hijos. Esta experiencia cambió radicalmente mi vida. Era un mundo tremendo, de catacumbas, de pobreza, de lucha». Al frente, el Padre Llanos, «un hombre que cada día izaba una bandera, por ejemplo, la china», y «un montón de cristianos de base».

Con apenas 26 años, Arena entra en Bankinter, un banco que le mantendrá muy ocupado toda una vida, y donde va escalando peldaños hasta lo más alto. «En 2007 me voy del banco y empiezo a construir una nueva manera de vivir, al principio con mucho miedo». «De repente entro en varios consejos de administración, me proponen presidir el Consejo Profesional de Esade, me hacen consejero de la Universidad de Harvard… Mi vida empieza a llenarse y a llenarse». Y de la presidencia de un banco, a la de la Fundación Empresa y Sociedad, «una propuesta que recibo con ansiedad. Ser consejero es relativamente fácil, pero ser presidente es algo más. Significa que eres el foco de confianza de los socios, de los patronos, de los empleados… Pero yo no podía negarme a trabajar en algo tan lleno de riqueza personal e intelectual». Por si fuera poco, el pasado mes de julio ha comenzado a impartir clases de Finanzas en un posgrado de la Universidad de Harvard. El sitio que siempre buscó parece estar ahí. En lo más alto.

Del «Pozo del Tío Raimundo» a Harvard: una vida aprendiendo y enseñando
A finales de los años sesenta, Juan Arena cambia de universo. Dejando a un lado las comodidades propias de su clase, se zambulle en la marginalidad de «El Pozo», «un mundo nuevo, precioso y lleno de vida. Tú llegabas de trabajar a las siete de la tarde y la vida empezaba de nuevo hasta las cuatro de la madrugada. Había tertulias, debates, gente muy especial…». Con naturalidad pasa de este ambiente al de las altas finanzas. «Con Bankinter se me abrió un mundo tremendamente fértil». «Yo quería que fuera el Circo del Sol de la banca, como hoy quiero que la Fundación Empresa y Sociedad sea el Circo del Sol de las fundaciones: un lugar lleno de talento, de frescor, de vida, que cree un inmenso valor».

Y del barrio marginal por excelencia a la capital del saber, su carrera le ha deparado grandes momentos y sorpresas. «De Harvard recuerdo el placer de aprender. Allí te enseñan a pensar. No te dan respuestas, te ayudan a formular preguntas. Hay «lectures» que son como… como… Como un orgasmo». «Cuando alguien sabio —que hay muy pocos— te dice algo que se cuela dentro de ti, se te abre un mundo nuevo. Es casi una sensación mística, de placer. Algo como cuando te besa un hijo pequeño o la ilusión de cuando te enamoras. No sé…».

Este año, recuperará todas esas sensaciones, pero al otro lado. «¿Que qué les voy a decir a mis alumnos el primer día? Que vengo a aprender con ellos, a divertirme aprendiendo con ellos. Si soy capaz de conseguir eso, seré felicísimo».

«La respuesta es que he sufrido mucho. Muchísimo»
«Lo que más me gusta es navegar, la playa, estar solo. Que no me falten mis amigos ni mi vida familiar. Me encanta cuando mis hijos pequeños entran por la noche con un colchón para dormir con nosotros y mi casa parece una patera llena de hijos».

«Si volviera a nacer, borraría algunos pasajes. Cada década de mi vida ha sido más milagrosa, mejor, más llena. Hay cosas que no dependían de mi voluntad y que yo hubiera borrado. Borraría todo el sufrimiento». «La pregunta no es si has aprendido mucho o no. La pregunta es si has sufrido mucho o no y la respuesta es que he sufrido mucho. Muchísimo». Ésa será, seguramente, la razón por la que admira a un tipo de gente poco común: «A las personas que son felices».

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