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La mujer de la fotografía, que mientras vota no pierde el contacto con su bebé, es la europarlamentaria danesa Hanna Dahl. En España nuestras diputadas todavía no nos han regalado imágenes tan impactantes en el Hemiciclo, pero la posibilidad de compatibilizar la alta política con el ejercicio de la maternidad se revela francamente difícil. La hoy secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, intervino en alguna sesión plenaria como consejera de Transportes de la Comunidad de Madrid a los pocos días de dar a luz, y tres semanas después de nacer su hijo asumió la presidencia del partido en Castilla-La Mancha. Este mismo año, la ministra de Defensa, Carme Chacón, que siempre estuvo conectada al despacho tras el parto, reapareció en su puesto una vez pasada la cuarentena.

Como ellas, hasta un 27% de las directivas, según un informe de la Fundación Cajas de Ahorros (Funcas), vuelve al trabajo antes de finalizar su baja por maternidad. Por no hablar de todas aquellas que, pese a permanecer en casa las 16 semanas que marca la ley, están al tanto y participan de todo cuanto sucede en su empresa gracias a esa arma de doble filo que son las nuevas tecnologías. «Es totalmente normal que algunas directivas tengan la necesidad de incorporarse antes al trabajo. Retomar la actividad antes de lo que incluso sus derechos las avalan es, sin lugar a dudas, un sacrificio. Pero no es un sacrificio impuesto, es un sacrificio que surge de la responsabilidad de esas mujeres», afirma Ana Bujaldón, presidenta de la Federación Española de Mujeres Directivas (FEDEPE).

Bujaldón advierte, eso sí, de los riesgos de «normalizar» este tipo de comportamientos entre las altas ejecutivas porque, a la postre, dado que se relacionan con un mayor compromiso con el puesto, podrían poner en una situación incómoda al resto de las empleadas. «Estas prácticas conducirían a una merma de los derechos laborales de todos y todas, y no son aconsejables. La solución más fácil, y no por ello la más extendida, sería la elaboración en la empresa de un decálogo de planteamientos en el ámbito de la igualdad y la conciliación que garanticen que lo óptimo y lo correcto es agotar la baja por maternidad», explica. En opinión de Nuria Chinchilla, directora del Centro Internacional Trabajo y Familia de la escuela de negocios IESE, este tipo de decisiones merecen ser explicadas al equipo e insistir en que se enmarcan en un contexto personal. Y pone un ejemplo: «Del mismo modo que cuando el jefe manda un correo electrónico en el fin de semana debe especificar que no espera respuesta hasta el lunes a primera hora».  

Sin embargo, la presidenta de Fedepe no cree que Carme Chacón o la ex ministra francesa Rachida Dati, que retomó sus responsabilidades políticas cinco días después de un parto con cesárea, den un mal ejemplo. «Al contrario. Normalizan la conciliación familiar con puestos de máxima responsabilidad. La experiencia de Chacón y Dati incide en la inversión de roles: una mujer no tiene por qué renunciar a su carrera profesional por querer ser madre».

Los datos del Ministerio de Trabajo revelan que de enero a septiembre de este año 4.384 mujeres, de las 258.409 que percibieron una prestación por maternidad, no completaron su permiso y, por tanto, lo compartieron con sus parejas. ¿Todavía la maternidad ralentiza la carrera? «Sería falso decir que la maternidad no afecta al desarrollo profesional de una mujer, por lo menos hasta el momento actual. Además, la competitividad en el entorno, que se acentúa en determinados sectores, da lugar a un oportunismo nada sano, tanto por parte de los compañeros como por parte de las empresas competidoras, que pueden aprovechar esos meses de menor rendimiento», advierte Bujaldón. De ahí que Nuria Chinchilla sea mucho más partidaria de hablar de trayectoria  —»donde vas a tu ritmo»— que de carrera, «que implica llegar rápidamente, aunque sea mal». «Todo no se puede hacer a la vez en la vida, por eso es tan importante equilibrar, saber dónde cada una es más insustituible en cada momento». A las mandos intermedios con ambición, pero que también desean ser madres, Bujaldón aconseja: «Que recalquen su valía y que nunca oculten sus aspiraciones personales por miedo. Puede entenderse como una maniobra estratégica que no agrade a nadie».