Las empresas tienen que definir cuál debe ser su estrategia de RSC para obtener mejores resultados. Lógicamente, no existe un plan estratégico estándar, ni tampoco un tiempo preestablecido para comenzar a ver resultados. Pero sí es un hecho cuantificable que las políticas de Responsabilidad Social Corporativa coherentes, ambiciosas y alineadas con los objetivos de la empresa reportan pronto múltiples beneficios. Y, por supuesto, estos beneficios son siempre, y en última instancia, monetizados.

¿Cómo definir la duración de una estrategia de RSC?

Para intentar responder a esta compleja pregunta, debemos partir de una premisa fundamental: la RSC suele estar integrada en la estrategia empresarial de la empresa. Es decir, los objetivos de la primera suelen potenciar o favorecer la consecución de los objetivos de la segunda. Desde esta perspectiva, podemos pensar que un período bianual o trianual podría ser ideal para medir la gestión realizada y su influencia en los resultados.

Sin embargo, no debemos olvidar que las estrategias empresariales suelen estar encaminadas a la mejora continua de su impacto, por lo que la evaluación se renueva constantemente. Además, en muchas ocasiones intervienen factores que pueden alterar la implantación de ciertas actuaciones o los resultados de las mismas. También podemos haber establecido una serie de objetivos concretos para los cuales es aconsejable una evaluación más a largo plazo.

Dicho esto, lo que verdaderamente puede definir la duración de una estrategia de RSC es a quién está encaminada dicha política. Quiénes son los stakeholders hacia los que dirigimos las acciones.

Podríamos hablar de tres dimensiones básicas:

  • Nivel global: la RSC englobada en la estrategia general de la empresa. Políticas de eficiencia energética o de accidentes cero, son ejemplos de este tipo de acciones.
  • Nivel interno: para muchos expertos, la más importante. Tiene que ver con los empleados de forma directa. Acciones concretas y perfectamente medibles. Se relacionan con el salario o aspectos de la vida cotidiana como el ocio o la conciliación.
  • Nivel externo: las más conocidas. No tienen relación con la actividad principal de la empresa. Donaciones o colaboraciones con fundaciones u ONG están entre las más habituales.

 

Cómo desarrollar una buena estrategia de RSC y qué beneficios aporta

Queda claro que para establecer una estrategia de RSC correcta hay que preguntarse, en primer lugar, a quién va dirigida. ¿A mejorar la vida de los empleados? ¿Es el medio ambiente el objetivo prioritario? ¿Busca aportar valor a la comunidad o al territorio en el que opera la empresa?

Una vez definido el destinatario, se establecerán los objetivos a conseguir. Toda estrategia de RSC busca un impacto positivo en la empresa, por lo que será necesario encajar dichos objetivos con la política general de la compañía. Una vez definidas las metas, se proyectan las acciones concretas, se asignan los recursos necesarios y se establecen los sistemas de medición necesarios a corto, medio y largo plazo.

Además, un elemento que va ligado a cualquier estrategia de RSC es la comunicación corporativa. Trasladar a nuestros grupos de interés lo que hacemos y por qué lo hacemos es vital para la consecución de los objetivos marcados.

Las estrategias de RSC aportan un indudable valor a las empresas. Algunos de los más importantes y conocidos son los siguientes:

  • Mejora del clima organizacional.
  • Aumenta de los niveles de retención de talento.
  • Incrementa el valor de la empresa respecto a los accionistas e inversores.
  • Mejora posicionamiento de la marca.
  • Establece un crecimiento y desarrollo sostenibles.